A escala mundial, una cifra aparece una y otra vez en los informes de salud pública: el ahogamiento se encuentra entre las principales causas de muerte de niños pequeños en un gran número de países. Un dato recordado en varias ocasiones por la Organización Mundial de la Salud (OMS), y que merece que nos detengamos en él.

Un riesgo sin fronteras

Sea el país rico o no, y tenga o no fácil acceso a clases de natación supervisadas, los niños siguen siendo estadísticamente las primeras víctimas de este tipo de accidente. No se trata, por tanto, únicamente de un problema de recursos o infraestructuras: es, sobre todo, una cuestión de prevención y sensibilización, al alcance de todas las familias.

Una tragedia mayoritariamente evitable

Este es quizá el punto más importante a recordar: según los organismos de salud pública, la gran mayoría de los ahogamientos infantiles podrían evitarse mediante una combinación de medidas sencillas y de bajo coste: asegurar los puntos de agua, una vigilancia activa y cercana, y un aprendizaje temprano de los fundamentos de la adaptación acuática.

¿Qué recomiendan realmente los expertos?

  • Asegurar físicamente el acceso al agua: vallas, alarmas, cubiertas de piscina.
  • No dejar nunca a un niño solo, ni siquiera unos segundos, cerca del agua.
  • Empezar la adaptación acuática pronto, desde los primeros meses, con suavidad.
  • Formar también a hermanos mayores y abuelos, que a menudo son quienes vigilan a los más pequeños.

Empezar pronto, sin forzar ni cronometrar

No es necesario esperar a que el niño sepa «nadar» para empezar a trabajar su adaptación al agua. Desde los primeros meses, con suavidad y siempre acompañado de un adulto, es posible sentar las bases de la seguridad acuática —el principio exacto que sigue el Método Plouf.

Lo que hay que recordar

Aunque el ahogamiento infantil sigue siendo un problema mundial importante, también es, afortunadamente, uno de los riesgos más evitables, siempre que se actúe pronto y en varios frentes a la vez.